2/3/13

De obsolescencia programada, teflón y sartenes para toda una vida...

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No me imagino- Los Secretos


Todavía recuerdo cuando, por allí por los años 80 del siglo pasado..., mi madre almacenó sus sartenes de acero inoxidable y las reemplazó por otras de teflón, ese material mágico en el que se podía carbonizar un filete sin que se pegase a la sartén. Por aquel entonces todos celebramos ese avance. 
Treinta y pico años después, empiezan a aparecer las noticias sobre el potencial cancerígeno del teflón y, al mismo tiempo, una se va cansando de tener que tirar sartenes cada dos por tres y comprar otras nuevas cada vez que empiezan a despellejarse. La palabreja esa de la "obsolescencia programada" llega a nuestras vidas y nos permite nombrar aquello que ya veníamos observando sin saber que nombre darle: nuestra dependencia cada vez mayor de objetos y materiales con fecha de caducidad. 
Volvemos pues a recuperar del trastero aquellas sartenes de acero inoxidable que siguen, pese al paso de los años, igual de relucientes que el primer día. Mi madre comparte su conocimiento sobre su uso: basta "templarlas" (calentarlas bien hasta que estén casi rosientes antes de añadir el aceite) para evitar que los alimentos se peguen a la sartén al cocinarlos. Y nos damos cuenta de que, efectivamente, se puede cocinar en ellas sin morir en el intento. Que algunas cosas se pegan un poquillo, pues sí, pero no es el fin del mundo. Preferimos mil veces que la sartén se quede un poco sucia al usarla, que comernos el teflón que se iría desprendiendo con cada uso. Y en cualquier caso, como las sartenes de acero inoxidable se pueden limpiar con esparto, no hay problema. Al final se quedan igual de brillantes que el primer día.

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